José Millán

¿ERRAR O HERRAR? LA DIFERENCIA QUE LLEVA OCULTA UNA LETRA

En un rincón apartado del salón permanecía distante.
Como atreviéndose tan solo a mirar.
Nadie recordaba haber cruzado una palabra con ella a pesar de conocerla desde hacía años. 
De hecho, si de algo se caracterizaba y hacía que algunos se preguntaran con ironía, es si habría llegado a articular sonido alguno siquiera en toda su vida.
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Mas eso no era impedimento para que fuese apreciada y ocupase un lugar de referencia en la institución.
Méritos para ello tenía de sobra, e inteligencia y saber estar también, para interpretar si debía intervenir o no en alguna ocasión. 
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Aquella tarde se presumía complicada.
La reunión convocada a través del despacho jurídico sugería que el alcance de lo tratado sería de máxima importancia. A fin de cuentas la decisión alentada por el CEO, implicaba cambios drásticos en la organización y un esfuerzo tremendo en sus finanzas.
Habría que hacer sacrificios notables en partidas que muchos no estaban con la disposición de comprender, ni mucho menos, por supuesto, con la voluntad de aceptar. 
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Él sabía entonces que su repercusión marcaba un principio y un final en la historia de la compañía.
Sabía que se jugaba su posición y además que afectaría al futuro de miles de personas.
La coyuntura era complicada, el ciclo de recesión no había finalizado aún y renunciar a una contratación millonaria que habría significado un balón de oxigeno a las finanzas, para entregársela en bandeja a su principal competidor, puso en su contra a todos.
A pesar de la confianza mostrada durante los años de buena gestión, esto se interpretaba ahora como un ejercicio de vanidad y de soberbia absoluta.
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Bueno, a todos en contra no.
Ella a pesar de las circunstancias siguió confiando en él y supuso que detrás había una buena razón para prestarle su apoyo, utilizando su voto de calidad en el consejo. 
Pero eso fue tres años atrás.
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Los resultados ahora le daban la razón y demostraban que la decisión entonces fue la acertada.
Muy pocos fueron capaces de prever que la política internacional en esa región llevaría a un bloqueo de las inversiones y que el contrato principal, aquél que iba a suponer el empuje definitivo para su competidor, terminaría resultando una losa enorme para él.
Cientos de millones paralizados en una infraestructura fenomenal y ahora bloqueada para continuar pendiente de la decisión de organismos internacionales. 
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Las circunstancias igual que su intuición, supo aprovecharlas bien.
Desarrollo un ambicioso plan de innovación que transformó todo su sector y aupó la compañía a una posición privilegiada con números saneados.
No solo ahora los accionistas se felicitaban por esa inversión, también los más cercanos de su equipo y sus familias agradecían haber tenido la confianza de él en cada situación que surgió comprometida. 
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Aplausos, sonrisas y palmadas en la espalda al bajar del atril, tras un breve discurso en el que mostrar resultados.
Ruegos y abrazos casi de secuestrador para unos segundos de hacerse una foto y estrechar con fortuna una mano.
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De nuevo nadie recordaba que todo estuvo a las puertas de un bien distinto final, porque no hubo quien le apoyara y supiera atisbar que una decisión del más alto nivel no debe atender tan solo al corto plazo. Las organizaciones que pretenden la máxima distinción, pensaba, saben que para desarrollar sus empresas bien, se requiere entender profundamente bien antes la realidad.
Y la realidad de una pintura no es solamente hacer genial un par de sencillos trazos. 
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Al finalizar su exposición le invitó a que subiera al estrado.
Quería que ella participara.
Era la única que siempre estuvo a su lado desde que llegó y quiso con ese gesto reconocer su gratitud y hacerle parte de un triunfo global tan duramente gestado.
El silencio se apoderó de la sala cuando subió. Ella miró con sumo cariño a los que allí se hallaban y el primer sonido de su boca como una declamación surgió.
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» Tan a menudo las lecturas simples que no desean ver más allá, pueden llevarnos a juzgar como equivocación, decisiones que marcarán el éxito de nuestras compañías.
Comprendamos bien la necesidad de esa Visión y esforcémonos por cuidar y proteger las bases. Eso nos permitirá transitar con éxito por senderos de piedras escondidas.»
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Preguntémonos pues cada día, si ese camino a avanzar exige unas u otras herraduras y elegid bien al herrador.
Porque hasta una letra muda es mucho más que la diferencia entre calificar algo como error o como la parte esencial que hará triunfar cualquier empresa a lo largo de su vida.

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