Cuando aquella fría noche de enero de hace cuatrocientos años Galileo escudriñaba el universo, seguramente solo trataba de encontrar más piezas que sumar al mapa del oscuro lienzo que algunos genios como él estaban construyendo. Quizá… Aunque tal vez lo que verdaderamente trataba de encontrar eran respuestas a cuestiones que inquietan a los seres humanos y que rondan su interior desde el origen mismo de los tiempos.

La necesidad humana de explorar y dar valor u otro sentido a algunas cosas, nos distingue de otras criaturas, empujándonos a tomar la iniciativa en aventuras que van más allá y que tantas veces no podemos explicar su para qué ni tampoco la razón que nos motiva a hacerlo.

De algún modo su perseverancia con Júpiter a lo largo de las siguientes noches, como un precioso baile de seducción, le trajo un premio gigante en forma de lunas haciendo que las cuatro principales ocuparan su lugar. Ganimedes, Ío, Europa y Calisto forman desde entonces un armonioso cuarteto celestial llamado “satélites galileanos” en recuerdo de aquél que tuvo la visión y exploró pacientemente hasta hacerla realidad.

Sin embargo, lo que quizá Galileo no tuvo ocasión de vislumbrar es que desde el otro lado de la lente a millones de kilómetros y con extraordinaria ansiedad, una semilla recién plantada le observaba a él, esperando que un día otro explorador se presentase en persona a recoger lo que sin darse cuenta había empezado esa oscura noche a cultivar. Cuando algo despierta en nuestro corazón, solo se trata de dibujar un plan, marcar plazos que nos pongan en acción y obtener recursos que lo hagan funcionar. La semilla entonces se plantó y los frutos al final, llegarán.

 

En plena era de internet y cuando la tecnología permite a las personas sencillas acceder a mundos que hace siglos solo eran una quimera, asistimos como espectadores a una explosión colosal de viajes, sueños y conquistas que alimentan una sociedad que se siente más capaz de convertir su deseo de crecer en una realidad antes reservada solo a unos pocos privilegiados.

Steve Jobs, Bill Gates, Walt Disney o Elon Musk con su coche espacial, también soñaron un día que sus proyectos serían una realidad. Y seguramente mientras, al otro lado de sus telescopios, unas semillas llenas de felicidad esperaban que un día fuesen allí y las recogieran en persona…

Y tú, ¿te atreves a ir por las tuyas…?

29 DÍAS Y EMPRENDE